Constelaciones Familiares – Hellinger

La terapia sistémica familiar ideada por Bert Hellinger es un método psicoterapéutico que tiene en cuenta el orden y la armonía familiares a través de las sucesivas generaciones.

Se basa en fundamentos de Análisis Transaccional, Gestalt, P.N.L, Hipnosis y Dinámica de Grupo, pero el aporte específico de Bert Hellinger es la aplicación de sus tres “Órdenes del amor”, a través de ejercicios simples pero profundos, sinceros y conmovedores, que permiten aliviar el dolor de los miembros más afectados en el sistema familiar.

Los Órdenes del Amor son normas universales, que cuando no son tomadas en cuenta, producen implicaciones sistémicas, o enredos en la trama familiar.

 

1)      Equivalencia entre el dar y el recibir:

Cuando alguien recibe algo, queda en deuda con ese alguien. Debe dar algo a cambio. Si no, la relación se descompensa. Generalmente el que recibió más es el que la romperá. Ej.: Un cónyuge ayuda a su pareja a terminar una carrera y ésta le abandona.

En los sistemas, cuando hay una deuda, suele haber alguien (generalmente un miembro más joven) que la paga (simbólicamente). Así, entre los descendientes de los alemanes que estaban al servicio de los campos de concentración de la segunda guerra mundial, que no sentían culpa, hay mayor cantidad de enfermos de todo tipo, especialmente mentales, e intentos de suicidios, que en el resto de la población alemana.

Cuando en una generación un perpetrador estafa, y se apropia en forma indebida de bienes de sus víctimas, es frecuente ver cómo los descendientes pierden todo lo malhabido de diversas maneras.

Patología: tomar de más

2)      Prioridades

El que llega primero a un sistema tiene prioridad sobre los demás.

Los hijos van en orden de nacimiento: si una pareja se compone de un hombre que tiene un hijo de una pareja anterior, de 18 años; y la mujer tiene una hija anterior de 15 años, y entre los dos tienen un hijo de 8 años, ¿cuál es el primer hijo de la pareja, y cuál el segundo, y cuál el tercero? R: el 1º es el de 18 años; el 2º el de º5 y el tercero el de 8.

En las parejas, tiene prioridad la última sobre las anteriores.

Patología: no respetar las prioridades. (no es aceptable para un sistema, que sea preferido el hijo menor por ser más rico, antes que el mayor.)

3)      Pertenencia

Los sistemas no toleran la exclusión. Por ejemplo, cuando un niño fallece, y los padres, con gran dolor, tienen otro hijo y le ponen el mismo nombre del hermanito muerto;  así, éste queda excluído, y otro en el sistema tendrá síntomas (a menudo el que heredó el nombre). También, cuando un padre se vuelve a casar, y los hijos no quieren ni oír hablar de la nueva mujer ni de los nuevos hermanos, a los que no se los reconoce. Tampoco deja de traer implicaciones sistémicas que se deje de mencionar al que emigró, o al que estuvo preso, o al que tiene una enfermedad contagiosa.

Patología: Excluir a un miembro del sistema

El trabajo constelador se realiza en grupo. Una persona elige de entre los asistentes a representantes para cada miembro de su familia: padre, madre, hermanos, abuelos. Lo hace siguiendo su intuición. Éstos pueden aceptar o declinar ser elegidos, pero en general todos decimos que sí, porque es un honor participar. Una vez elegidos los representantes, éstos se acomodarán en el espacio según cómo los siente esa persona que están agrupados según su corazón, según cómo lo siente.

Luego, dejará en manos del Terapeuta Constelador el proceso de desenvolver los pasos del sistema hacia una solución. A veces el sólo hecho de observar cómo se sienten los representantes en la situación y cómo se reagrupan, permite ver la verdad en forma más objetiva.

Dice Hellinger que “es más fácil sufrir que tomar la vida tal y como se nos ha dado”; que “es más barato seguir sufriendo que cambiar” y que “la verdad cura”, y que seguir los rastros del amor y la lealtad, permite restablecer el equilibrio del sistema.

Todos cargamos con heridas emocionales de culpa y lealtad, y este trabajo es liberador.

Comunicación en pareja

Conocerse, respetarse.
Cultivar el afecto y la ademiración
Tener un proyecto común
Mantener una vida sexual sana
Compartir decisiones (s/Gottman, si el hombre no está dispuesto a compartir el poder con su compañera, tiene el 81% de probabilidades de fracasar.) (Aprender a ceder)
Practicar actividades placenteras.

Dificultades primarias:

- Asuntos domésticos (reparto de tareas, y administración y uso del dinero) – Falta de autonomía: no obligar al otro a renunciar a su proyecto personal. (amigos, estudios, profesional) – Intromisión de la familia

Dificultades mayores:

- Desencanto (diferencia de caracteres, fallas, desperfectos) – Monotonía – Incomunicación (mirarse a los ojos, sonreír, mantener el contacto físico, escuchar sin interrumpir, hacer preguntas y sugerencias, no acusarse, centrarse en lo actual, no en lo pasado; discutir un problema por vez; hacer un contrato privado e informal cuando hay disparidad de criterios)

Relación que se acaba:

- Planteamiento violento (insultos, sarcasmos, actitud beligerante, a la defensiva) – Actitud evasiva, negatividad – Fracaso en los intentos de desagravio – Malos recuerdos: quienes mantienen un punto de vista negativo de la pareja y su relación, sólo evocan los malos momentos y en los buenos ven aspectos desagradables. – Dificultades irresolubles – Vidas separadas – Ruptura

Autor: Isabel Aschauer

La infidelidad

Por Carlos San Martín – Terapeuta Sexual
Revista Sexpol – Sep/Oct 2009 – nº90

En nuestra cultura la fidelidad se mide por la utilización de los genitales de las personas. Soy fiel si mis genitales sólo los utilizo con mi pareja y con nadie más. A su vez mi pareja me es fiel si sus genitales los utiliza solamente conmigo. Esta forma de entender la fidelidad está en el pensamiento regular de las personas de nuestra cultura y, prácticamente, nadie la cuestiona. Y, cuando aparece algún osado que discute este aserto, es visto como estúpido, tonto o, en el mejor de los casos, como desubicado. Y creo estar entre estos desubicados. Intentaré explicarme aún cuando sé, por experiencia, que es muy difícil entender mi postura al respecto. Y lo entiendo porque la cultura judeo-cristiana que nos ha educastrado desde la más tierna infancia es muy poderosa y no nos permite ver, la mayoría de los casos, modelos diferentes a los suyos.
Una persona, hombre o mujer, maltrata a su pareja, la desprestigia ante los vecinos, habla mal de ella ante las familias de ambos, la golpea a ella o a él y a los hijos e hijas, malgasta el dinero en juergas, tragaperras, etc., es muy desatent@ y descuidad@ con sus costumbres y, en fin, es claramente negativ@ con su pareja pero usa sus genitales para tener coitos sólo con ella…. esa persona es fiel. Por otra parte, una persona que es claramente positiva, atenta, cuidadosa en el trato, preocupada por su pareja pero, incluso a veces en situaciones tan especiales que no se van a repetir nunca más, tiene un escarceo con otra persona que no sea su pareja, se acuesta con ella pero aún cuando no logre la penetración por una falta de erección si es varón o que impida la penetración por compresión de los músculos perivaginales si es mujer y además se arrepiente y se propone que nunca más repetirá este hecho… entonces esa persona es infiel. Hay que castigarla, no se la comprende. Y, en el peor de los casos, debe hacer sus maletas e irse de casa.
En mi opinión la fidelidad no se puede medir de esta manera.
Se hace presente la fidelidad en una relación de pareja, desde mi punto de vista y aún cuando me tilden de ingenuo o desubicado social, si ambas personas logran empatizar entre sí, si se tienen confianza mutua en el sentido de que ella, la pareja, jamás hará nada conscientemente que le/la haga daño, sea capaz de frustarse en su beneficio entendiendo que todo lo que beneficie a su pareja l@ beneficia a él o a ella y, por lo tanto, demuestre en la práctica que le/la tiene afecto, que le/la respeta. Todo esto se mide por una cuestión subjetiva y personal: “AMBAS PERSONAS PROCURAN DARSE MUTUAMENTE FELICIDAD”.
Y los genitales pueden o no estar presentes en este punto. Si uno o ambos mantienen relaciones de cualquier tipo con otra persona distinta a su pareja habitual o, podríamos llamarla preferente, y esa relación por desconocimiento o por aceptación, no interfiere en la relación básica de la pareja, aunque haya relaciones genitales de carácter complementario con una tercera persona, no impide hablar de fidelidad.
Por lo tanto, y continúo diciendo que desde mi punto de vista, la fidelidad estará siempre presente en una relación de pareja cuando se da felicidad. Y esa felicidad estará presente en una pareja cuando haya entre ell@s algo que es imprescindible: el RESPETO. Y para que haya respeto en una relación entre dos personas debe haber: empatía, confianza y capacidad de frustración.
La empatía es la capacidad de la otra persona, de intentar entender las motivaciones que la llevan a realizar lo que está haciendo y cómo lo está haciendo, de hacer un esfuerzo para asumir que esta actitud de comprensión no se hace por la pareja sino que es una forma adulta de ver las circunstancias en que ocurren los hechos y que si se observa con madurez es posible que termine beneficiando a ambos ya que puede permitir meditar una respuesta adecuada. Es intentar ver las cosas como las pueda estar viendo la pareja, aún cuando lo que haga no guste, procurando entender las motivaciones que ha tenido para realizar aquello que está viviendo la pareja. Y si nos molesta eso informarl@, sin ira, que nos duele aquello.
La empatía debe ir asociada a la confianza, que el normal de las personas con el criterio de nuestra cultura vincula con la certeza de que su pareja no tiene contactos genitales con nadie más que con él/ella. Y esto nos parece erróneo ya que en nuestro parecer la confianza debe estar ligada a la seguridad de que la pareja jamás hará nada de forma consciente como dañarle/la, que hace lo que está haciendo, sea lo que sea, porque entiende que es lo mejor para ella y que eso deviene en bienestar para amb@s. Sin embargo es necesario reconocer que siempre haremos cosas que no gusten a nuestra pareja, lo que no significa que queramos perjudicarla. Lo hacemos posiblemente porque, al no ser perfectos, mostramos así nuestras personales limitaciones. Y estas limitaciones, que son inevitables en el ser humano, no deberían ser causa de desconfianza en nuestra pareja. Y cuando alguien no esté de acuerdo con su pareja debe utilizar la inteligencia y, razonando, no desconfiar sino intentar entender lo que le/la motiva y, finalmente, si persiste la duda comunicársela con lealtad, pero sin ira y en forma lo más clara posible.
Y la capacidad de frustración está relacionada con que en la vida siempre, inevitablemente, nos encontraremos que no solo no nos gusta algo sino que puede ir más allá y francamente nos molesta, incluso nos puede llegar hasta producir dolor, y que tenemos que asumirlo porque aún cuando hagamos lo que hagamos, aquello persistirá. Y las personas, como todo el mundo, tendrán inevitablemente un porcentaje de sus comportamientos que disguste a su pareja. Por ejemplo a alguien le puede disgustar una costumbre de su pareja como expresar mal sus emociones. Que cuando se disgusta grita, gesticula y dice cosas fuertes, se da cuenta posteriormente y pide disculpas pero una y otra vez repite esa manera de comportarse. Ahí es, desde mi punto de vista, necesario “Jorobarse Adecuadamente”, JA, que significa simplemente que es necesario “comernos” ese comportamiento negativo para nosotros para así disfrutar de esas cosas maravillosas de la pareja que nos llevaron a elegirla para convivir con ella. Muchas veces, por no aceptar cuestiones absolutamente secundarias, perdemos a nuestra pareja. Después lo lamentamos. Por no “jorobarnos” en algo secundario perdemos algo mayor como la tranquilidad, la felicidad, e incluso, a veces hasta la pareja.
Teniendo empatía, confianza y capacidad de frustración podremos tenernos respeto mutuamente. Y con respeto tendremos felicidad. Y si nos damos felicidad mutuamente es que nos somos fieles al margen de utilizar o no nuestros genitales de una u otra forma.
Deseo también expresar que la fidelidad no puede impedir a las personas sentirse libres. La libertad de decidir el comportamiento personal no debería, en mi opinión, estar cuestionada por la pareja. Cada cual puede pedir lo que sea, en buena forma, con respeto, pero no exigir nunca nada ya que pienso las exigencias no asumidas por la pareja son el comienzo de los conflictos. De cómo respondemos a aquellas cuestiones que nos molestan de nuestra pareja, incluyendo algún comportamiento genital que no nos agrade por parte de ella, depende en gran medida la estabilidad de pareja y, por ende, la felicidad de amb@s.
Muchas son las consultas en que se acusa a la pareja de infidelidad por “sospechas”. Hace nada le preguntaba a un señor que si tenía datos reales de la infidelidad de que culpaba a su pareja, cosas objetivas, certezas y la respuesta fue que en realidad eran interpretaciones de hechos, cosas que “parecía” que habían ocurrido pero que realmente no tenía constancia de ello. La inmensa mayoría de las “infidelidades” genitales pueden o ser reales pero si son manejadas con una óptica más humana, más racional, más de conveniencia objetiva para las parejas creo causarían menos rupturas, menos fracasos, menos lamentos.
Finalmente, pienso, es bueno plantear dos cuestiones para meditar:

1. En la prensa hemos leído que investigaciones recientes señalan que aproximadamente 8 de cada 10 hombres y 7 de cada 10 mujeres en España han tenido relaciones genitales en alguna oportunidad con alguien distint@ a su pareja de ese momento. Y si lo mayoritario es norma y la norma establece lo normal: LO NORMAL ES LA INFIDELIDAD GENITAL. Lo demás es hipocresía.

2. El ser humano no es monógamo por naturaleza. Es polígamo. Cada vez que un hombre o una mujer normales reciben estímulos eróticos adecuados para él o para ella su cuerpo responde hormonalmente y, si no fuese por aprendizajes establecidos desde la más tierna infancia, habría una disposición de búsqueda de satisfacción que podría llegar al intento de seducción incluso genital. Si somos monógamos no es sino por un imperativo sociocultural, no por naturaleza. Lo demás es ser infiel a nosotros mismos.

Ser “fieles” genitales no es ni bueno, ni malo. Depende de cómo sea percibido. Y cada cual debe hacerse responsable si desea o no mantenerse monógamo…
Y asumirlo.

Autor: Isabel Aschauer